Retratos de gato personalizados, pintados por IA

Subes una foto nítida y la IA repinta a tu gato como un cuadro. Las manchas del pelaje, los bigotes, esa mirada que dice que la cena llega tarde: todo eso sobrevive al pincel.

Los gatos posan para retratos desde Egipto y no han colaborado ni una sola vez. El tuyo tampoco lo hará, y ahí está la gracia: entregas una foto tomada mientras dormía sobre el radiador y el cuadro sale sin sesión de pose. Terciopelo renacentista, acuarela, pop art, y el desdén sobrevive a los tres.

Cada retrato vuelve en tres versiones del mismo estilo: cambian la luz, el encuadre y cuánto se aleja el pincel de la foto. Te quedas con una. El registro cubre tres rondas así, lo justo para descubrir qué estilo favorece a un atigrado y cuál aplana a un gato negro.

Las vistas previas llegan con marca de agua. Ocho euros la quitan del archivo que elijas, y el póster ya incluye ese archivo en su precio: desde 35 €, papel mate, formatos hasta 50×70 cm, enviado enrollado en un tubo, que es como el papel grande sobrevive a un mensajero. De siete a diez días, a 13 países de la UE.

12 estilos para el retrato de tu gato

Preguntas frecuentes sobre los retratos de gato

¿De verdad se parece a mi gato?
Sí, con todas las razas y todos los colores, de pelo largo o corto. La IA repinta a partir de tu foto, así que las manchas y el pelaje se conservan tal cual.
¿Qué foto de mi gato tengo que usar?
Una tomada mientras tu gato estaba quieto. Luz de día, la cabeza más o menos hacia la cámara y lo bastante cerca como para que la cara sea algo más que un sello. La siesta en la ventana es la sesión ideal. El salto desde la estantería, bastante menos.
¿Vale una foto hecha con el móvil?
De ahí sale casi cada retrato de aquí. El cuadro se genera en alta resolución sea cual sea la cámara, así que una foto rápida llena incluso el formato de póster más grande. Tu móvil decide una cosa: cuánta cara tiene que leer la IA.

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